"...sitting in his nowhere land, making all his nowhere plans for nobody".
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20 de diciembre de 2012

Palabras robadas: "Oldsmobile 1962"








Oldsmobile 1962
Ana Basualdo
Fondo de Cultura Económica - 2012

Oldsmobile 1962 (Ana Basualdo, argentina, residente en Barcelona) fue publicado en 1994 por Alfaguara y reaparece en 2012 en una cuidada edición del Fondo de Cultura Económica, con prólogo de Ricardo Piglia. Sus seis historias merecían la benevolencia del papel blanco y la tinta fresca: sumergirse en ellas es pactar las cláusulas de un viaje necesario. Voy a referirme brevemente a cada una para terminar forjando una alianza con la primera, que tal vez por dar inicio al libro se instituye en captora y forzoso punto de partida de este camino de ciento veintitrés páginas que Piglia describió como “venturoso y feliz”.

20 de diciembre de 2011

Palabras robadas: "La máscara de Ripley"

"La máscara de Ripley"
Patricia Highsmith - 1970


En 1999 se estrenaba una película que muchos recordarán no solo por la belleza de los escenarios y lo exquisito de su banda sonora sino también por su trama perturbadora. En soberbios veleros sobre aguas aturquesadas y con sus blancos atuendos, Matt Damon, Jude Law y Gwynett Palthrow se trenzaban en una sombría y vertiginosa cronología que no acababa nada bien. “El talento de Mr. Ripley”, novela que Patricia Highsmith escribió en 1955, fue la obra que dio vida a esta película –hubo otra antes, en 1960, protagonizada por Alain Delon–. Quince años después, en 1970,  llegó “La máscara de Ripley”.
Siempre tras los engaños y las estafas que le permiten mantener su sofisticado nivel de vida, casado con una mujer hermosa y rica, dedicado con entrega a un profuso hedonismo entre las bellas paredes de una mansión en la campiña francesa, Tom Ripley vive de sus aciertos del pasado y de algunas elaboradas estafas en el presente. La última: ha conseguido hacerle creer al mundo que un pintor de cierto renombre -que se suicidó arrojándose al mar-, en realidad sigue vivo. Tom y sus cómplices, haciendo gala de una creatividad que huele demasiado a un juego con muñecas, han creado alrededor de la figura del pintor una serie de circunstancias convenientemente atractivas: Mr. Derwatt es entonces, en virtud del camelo, un excéntrico que vive recluido y consagrado a su arte en una aldea desconocida en México. Un pintor anónimo, antiguo amigo del verdadero Derwatt, es el encargado de imitar el estilo del desaparecido y producir los cuadros con cuya venta Tom y sus amigos ganan un buen dinero.
Pero todo se complica cuando el comprador de uno de esos cuadros cree descubrir el engaño y empieza a hacer preguntas. Otros (los amigos de Tom, por ejemplo) buscarían deshacerse del problema con más mentiras, huyendo, incluso confesando o renunciando a la estafa, pero Tom Ripley no es de los que escapan. A él no le tiembla el pulso a la hora de borrar de un plumazo aquello que le molesta.
Hasta aquí podríamos estar tentados –casi nadie nos juzgaría por eso– de quedarnos en la superficie, en la llanura fértil de la historia criminal, los devenires del suspenso y los reveses de la suerte. Pero todavía más interesante es internarnos en la psiquis intrincada del personaje principal y en el grupo de notas armoniosas que emiten junto a él los personajes secundarios.
El de Ripley: un vacío oscuro o peor que oscuro, un vacío nunca explicado. Un hombre de espléndido aspecto físico pero de lóbrega naturaleza, desprovisto de sentimientos y a la vez extrañamente pasional. Alguien capaz de cometer asesinatos a sangre fría sin más remordimientos que la preocupación por dónde esconder el cadáver. Una suerte de niño grande que puede apaciguar con los acordes de Mendelssohn una furia que no por silenciosa es menos escalofriante.
El entorno, en extraña consonancia, goza de fluctuar entre una frialdad en franca connivencia y, en el mejor de los casos si hablamos de moral, reacciones candorosas y escandalizadas. Como en un juego de claros y oscuros todos, buenos y villanos, parecen sostener al Sr. Ripley. Como si supieran que es necesario que alguien se encargue de “esas cosas”, que alguien asuma la tarea incómoda de personificar, cual chivo emisario, los deseos y goces secretos de quienes, si pudieran, simplemente tomarían de la vida lo que consideran que les es debido.
Hay un último regalo que nos hace Highsmith –aunque habrá que ver si debemos agradecerle esto a su pluma o simplemente a las bondades del punto de vista narrativo-: la autora nos pone en la piel de Tom Ripley por lo que terminamos, increíble e inevitablemente, tomando partido por él. Suspirando aliviados con sus triunfos, sudando junto a él con cada escollo en el camino.

9 de septiembre de 2011

Palabras robadas IX: "Purga"

 

“Purga”
Sofi Oksanen - 2011


Aliide sólo puede pensar en cómo matar a esa mosca que acaba de ver. Peligra la comida, peligra su salchichón sobre la mesa de la cocina. Las moscas y sus malditos huevos, arruinándolo todo. Pero mira por la ventana hacia al jardín y ve un bulto. ¡Una persona! ¿Será una trampa? ¿Un señuelo? ¡Querrán robarle? Es una muchacha llena de magulladuras, desorientada, vestida en forma estrafalaria, con un acento extraño. La ayuda a regañadientes, escucha su historia con desconfianza. Se va gestando entre ellas un vínculo incierto, de bordes filosos. Zara no está ahí por casualidad: aprieta firmemente, escondida entre la ropa, una foto, una suerte de lazo. Y mientras tanto, la mosca se ha salido con la suya.   

Esta joven autora finlandesa nos somete a un ejercicio fascinante. Nos lleva de las narices a las zonas rurales de una Estonia hostil, recién independizada en los noventa. Nos arrastra al pasado comunista de esa misma nación cincuenta años atrás, o al corazón del orgullo soviético en una ciudad rusa hace no mucho tiempo. Nos somete a las vicisitudes de un amor que se concibe ya enfermo, que pudre corazones, corroe almas y tiende sus tentáculos viscosos hasta un presente en el que, tal vez, haya una oportunidad de cambiar las cosas.

En un relato que subyuga y atrapa hasta la última línea, Sofi Oksanen nos sumerge en la conciencia de sus personajes retratándolos desde sus actos más insignificantes, desde su relación con los objetos, con el espacio, con las pequeñas adversidades del mundo físico.

“Se alisó el pelo sin siquiera sentir la mano. Mírame. Se mordisqueó los labios para que se le enrojecieran. Podrían dar la vuelta con naturalidad y volver a pasar por delante del muro. Mira hacia aquí. Mírame a mí. El hombre se volvió hacia ellas y dejó de hablar justo cuando Ingel se daba la vuelta para ver qué retenía a su hermana, y en ese instante el sol alcanzó la corona de su cabello y… ¡No, no! ¡Mírame a mí!... Ingel irguió el cuello, lo hacía a menudo, y parecía un cisne, levantó la barbilla y se miraron el uno al otro, el hombre e Ingel. Aliide supo entonces que él nunca se fijaría en ella…”.

26 de agosto de 2011

Palabras robadas VIII: "Cielo nocturno"

"Cielo nocturno"
Soledad Puértolas – 2008

Soledad Puértolas es española y nació en 1947. Casualmente, el mismo año en que lo hizo Paul Auster, protagonista de nuestra última recomendación. Entre ambos, un mundo de diferencia en el que el idioma es sólo una minúscula parte. Lejos de esos mundos oscuros y torturados que nos acerca Paul Auster, Soledad Puértolas ha escrito gran cantidad de novelas y cuentos en los que predominan el tono melancólico y un desenmarañar recuerdos de las vidas que nos han rozado, que nos han tocado apenas.
Con su prosa llevadera, “Cielo nocturno” nos trae la luminosidad de los recuerdos de infancia, la evocación de los comienzos de la vida desde una mirada sensible y atenta. La sucesión infinita de personas y experiencias que nos hacen quienes somos. Estas páginas nos trasladan a la época en que las pequeñas cosas nos deslumbran y se inicia un camino en el que muchas veces nos sentimos solos, diferentes, al margen.
El motor del argumento son los recuerdos de una nena que crece en una ciudad con río. Primero, la infancia. Personajes y situaciones que orbitan en su universo y dejan en ella una huella poderosa: una costurera que hace vestidos de fiesta, un guitarrista prodigioso que vive en una bohardilla oscura sumido en la pobreza, dos tías que llevan una vida de glamour y libertad en Francia. Un mundo pequeño puede ser muy grande. Los pequeños trozos de tiza que usan las costureras se pueden convertir en un tesoro guardado con celo. Un momento de soledad, con unas monedas en el bolsillo que le permiten comprar unas trufas, puede ser la definición exacta de la felicidad.
Después, la juventud. El descubrimiento de su cuerpo, del otro sexo, del amor. Y el contraste entre dos mundos opuestos: el de su infancia en un colegio de monjas, agobiada bajo el peso del silencio obligatorio en las horas de clase, y el ambiente caldeado y revolucionario de la universidad, en donde comienza a elegir por sí misma, a ser dueña de su destino.
¿Por qué no volver al pasado, de vez en cuando? Para identificarnos, para oponernos. Para juzgar con aprobación o con rencor. Para entender y entendernos. Para poder mirar hacia adelante.

19 de agosto de 2011

Palabras robadas VII: "El país de las últimas cosas"

"El país de las últimas cosas"
Paul Auster - 1987

Paul Auster es un autor contemporáneo pero también, a estas alturas, un clásico ineludible. Este genial autor norteamericano nos ha dado novelas como las que integran la trilogía de Nueva York, El palacio de la luna, La música del azar, Leviatán, etc. El país de las últimas cosas es de 1987 y no es uno de sus libros más conocidos.
Se trata de una historia bastante corta e intensa y por sobre todo, muy dura. Si están pasando por un mal momento, definitivamente, aléjense de ella. Si en cambio gozan de vez en cuando de sumergirse en mundos oscuros y retorcidos, adelante con los faroles. Los necesitarán.
Anna es una mujer que llega a una ciudad sin nombre en un país desconocido con la misión de encontrar a su hermano, un corresponsal de guerra que ha desaparecido. Esta ciudad, en el país de las últimas cosas, es un lugar devastado en donde la vida, tal como la conocemos, ha dejado de importar. Lo único importante es ir hacia la muerte o luchar por la supervivencia en un medio por demás hostil. Es una visión casi apocalíptica de una ciudad en la que las cosas van perdiéndose irremediablemente y la  desprotección de las personas es absoluta. Una ciudad en la que los hombres corren por las calles hasta caer muertos, en la que existen clínicas de eutanasia, clubes de asesinato, peleas a muerte por la comida o por un techo. Personajes como los “corredores” o los “buscadores de objetos” remiten, casi sin mediar simbolismos, a las miserias de las grandes urbes, y hay quien ha comparado esta ciudad ficticia con Buenos Aires. Los “buscadores de objetos” son personas que recorren las calles con sus carros, haciéndose de cualquier objeto que pueda volver a ser aprovechado: un trozo de plástico, un cartón, un tramo de cuerda. ¿Les suena esta imagen?
Y Anna, esta mujer que proviene de un lugar civilizado, va de a poco adentrándose en este mundo de perdición, adaptándose a las reglas del juego en pos de su supervivencia.  Ocurre con ella algo que es recurrente en las historias de Paul Auster: sus personajes, en algún momento de la trama, se pierden. Quedan en el margen de lo que se considera civilizado. Caen en el abismo de la depresión o la locura, un abismo en el que pronto abandonan su propia esencia –o tal vez, después de todo, se abandonan a ella-.
Esta novela –atrapante, se lee de un tirón- es una radiografía excelente del alma humana, un retrato del mundo en su versión más miserable y una muestra genial de cómo afloran las reacciones más primitivas de los hombres cuando todas las seguridades desaparecen.

19 de julio de 2011

Palabras robadas VI - Los chicos y la lectura: ¿qué y cómo leerles?



Resulta casi ocioso a esta altura del partido hablar de los muchos y grandes beneficios que tiene la lectura. Todos sabemos que es un placer del mundo adulto y que en el caso de los chicos ayuda a desarrollar la imaginación, a estimular el lenguaje y el aprendizaje en general, a elaborar conflictos... Pero, ¿sabemos cómo introducir a los chicos en este mundo maravilloso?   He aquí algunos consejos para tener en cuenta a la hora de transmitirles el hábito a nuestros hijos.

  • Crear un clima adecuado para la lectura, un momento en el que estén tranquilos y no haya otras distracciones alrededor. Se puede leer en cualquier momento del día, pero es ideal introducirlo en la rutina diaria, por ejemplo  después del baño y antes de acostarse. Si les leemos a los chicos quince minutos todas las noches, les estamos creando un hábito que después harán propio y conservarán toda la vida.
  • No leer mecánica o monótonamente. La utilización de ciertos recursos expresivos puede hacer mucho más atractiva una historia: exagerar la entonación, dar sonoridad a las onomatopeyas, resaltar más las palabras importantes, usar gestos con el cuerpo, pausas, cambios de ritmo, hacer diferentes voces para cada personaje, etc.
  • Darles participación a los chicos haciéndoles preguntas en el medio (“¿qué hizo el nene?” “¿qué pasará ahora?”), que repitan un ruido, una onomatopeya, etc.
  • No tener miedo a la repetición: en el aprendizaje en general los chicos se benefician mucho de ella. Es importante respetar la elección que hagan, aunque nos pidan el mismo cuento durante varios días seguidos.
Algo fundamental a la hora de leerles a nuestros hijos, es la adecuada elección del cuento, ya que en cada etapa del crecimiento existen características y necesidades particulares. Esto nos lleva a un segundo interrogante: ¿qué leer según la edad?

  • Bebés y chicos de uno o dos años: a esta edad los cuentos no tienen en general el formato clásico de cualquier historia (introducción, nudo y desenlace) si no que son sucesiones de imágenes que apuntan al conocimiento de los objetos y el desarrollo del vocabulario (recordemos que está naciendo el lenguaje). Recomendaciones: cualquier librito de imágenes estará bien (juguetes, animales, partes del cuerpo, objetos de la casa, colores, etc.).  
  • Dos, tres años: sus tiempos de atención son aún cortos pero ya tienen lenguaje y comienzan a poder seguir una historia muy breve. Se trata generalmente de historias con pocos elementos, relacionadas con actividades de la vida cotidiana, vocabulario básico, onomatopeyas, animales, etc. Son recomendables en esta etapa los cuentos relacionados con algunos hitos del crecimiento (dejar el chupete, aprender a ir solito al baño, el nacimiento de un hermanito, el comienzo del jardín, el miedo al mar, etc.). La oferta es enorme y de gran calidad. Personalmente recomiendo las series de “Anita”, “Lola”, “Federico crece” (Graciela Montes), que por ser argentinas involucran una serie de elementos representativos de la vida cotidiana en nuestro país.
  • Cuatro, cinco años: las historias ya pueden ser un poco más largas, con estructura tradicional y personajes bien definidos. Los chicos han desarrollado el lenguaje, pero están formando su identidad, sus valores, las nociones del bien y del mal. Acá aparecen los magos, las hadas, los superhéroes, los príncipes y princesas, y con ellos los cuentos tradicionales que todos conocemos. Hans Christian Andersen (El traje nuevo del emperador), los hermanos Grimm (Hansel y Gretel, Blancanieves), Charles Perrault (Caperucita roja, Barba azul), las fábulas de Leon Tolstoi, o de Sanmaniego, son sólo algunos ejemplos. En este tipo de relatos (de allí su vigencia) están en juego lo que se conoce como “arquetipos universales”, un conjunto de símbolos del pensamiento colectivo que son más o menos los mismos en todas las culturas y todos los tiempos. Pero es interesante darnos el lujo de salirnos de esos cánones y ofrecer a los chicos historias que no terminen necesariamente con el príncipe y la princesa comiendo perdices ya que a veces, habrán notado, la vida es otra cosa. En ese sentido y afortunadamente, la literatura infantil está ofreciendo en los últimos tiempos una gran variedad de propuestas interesantes.
  • Cinco, seis años: no sólo a esta edad se les puede leer algo más largo, sino que puede ser algo por capítulos, uno cada noche. María Elena Walsh es un referente ineludible de la literatura infantil: “Dailan Kifki” y “Manuelita a dónde vas”, por nombrar solo algunos, son perfectos en esta etapa. El querido “Zoo loco” es más que adecuado para este momento en que están aprendiendo a leer y escribir, y se benefician con las rimas. Los “Cuentos de la selva para niños” de Horacio Quiroga son otra propuesta maravillosa (hay versiones ilustradas con textos acortados, los originales son para chicos un poco más grandes).
  • Seis o siete años en adelante: ya pueden prescindir de las ilustraciones aunque siguen disfrutándolas -comienzan a resultarles atractivos los comics-, y sobre todo, algunos ya pueden leer por sí mismos. Además de las historias (de amor, de aventuras) los chicos empiezan a interesarse por la ciencia y el conocimiento, el espacio, el cuerpo humano, la tecnología, etc. Aquí se abre el espectro de cosas que pueden leer, y su avidez como lectores dependerá de cómo les hayamos creado el hábito de la lectura lo cual, como hemos visto, comienza cuando son bebés.

12 de julio de 2011

Palabras robadas V - "El fin de semana"


“El fin de semana”
Bernhard Schlink
Editorial Anagrama


Bernhard Schlink nació en 1944 en Alemania y es juez además de escritor. Escribió una saga de novelas policiales y saltó a la fama mundial con la multipremiada novela “El lector”, que fue traducida a varios idiomas y llevada al cine en 2008 por el director Stephen Daldry, con Ralpf Fiennes y Kate Winslet en los papeles protagónicos.  

Hoy nos ocuparemos de la última novela de Bernhard Schlink, titulada “El fin de semana”.

Muchas cosas pueden ocurrir durante un fin de semana. Pero además, éste no es un fin de semana como cualquier otro. Se dan circunstancias por demás peculiares: un grupo de amigos se reúne durante tres días en una casa de campo para dar la bienvenida, luego de más de veinte años de cárcel, a Jörg, un terrorista exintegrante de la Fracción del ejército rojo. La Fracción del ejército rojo, también conocida como Baader Meinhoff en honor a dos de sus más famosos integrantes, era una guerrilla urbana que nació a fines de los años ’60 en Alemania y fue figura central de los sangrientos incidentes que en 1977 recibieron el nombre de “Otoño alemán”. Fue además responsable de numerosos atentados, secuestros a empresarios y políticos y robos a bancos en nombre de la lucha antiimperialista y anticapitalista.

Estos amigos que ya pasan los cincuenta tienen un pasado en común: el de las ideas revolucionarias. Pero mientras el grupo de amigos se ha volcado a vidas más o menos convencionales, Jörg se ha inclinado por la lucha armada y carga en sus espaldas con cuatro asesinatos.

Hay dos ejes fundamentales que atraviesan la obra. Por un lado, cierto revisionismo histórico al que adhiere Schlink, apelando a la memoria colectiva alemana -en este caso como en sus dos anteriores novelas- y planteando una serie de interrogantes sobre la violencia, el terrorismo, el sistema político, etc.

Por otro lado, Schlink plantea un escenario pleno de personajes bien definidos que a pesar de tener un pasado en común han tomado diferentes rumbos. Se han convertido uno en periodista, otra en profesora y escritora, otro en empresario exitoso, otro en abogado, otra en pastora protestante. Pero de alguna manera, a pesar de este bienestar aparente, estos personajes están luchando por definirse moralmente, por encontrar el trasfondo de todas sus acciones, y al confrontarse con Jörg, que tomó caminos diametralmente opuestos, se ven peligrosamente reflejados.

En un único escenario –la casa de campo- y a lo largo de tres días, con una estructura muy teatral y con mucho diálogo, el conflicto estalla desde las primeras páginas: se produce un choque inevitable entre estos personajes que se debaten entre la condena al amigo y una admiración encubierta, las frustraciones de sus propias vidas, el paso del tiempo y el descubrimiento de que nada ha resultado como lo soñaban. Aunque ninguna de sus vidas cambie radicalmente, probablemente no serán los mismos al salir de esa casa.

3 de julio de 2011

Palabras robadas IV - "Pájaros en la boca"


"Pájaros en la boca"
Samanta Schweblin
Emecé

Casi todo es seguro en nuestro mundo. Puede ser maravilloso o espantoso, pero está, dentro de todo, claro. El sol brilla o cae la lluvia, las ramas se agitan de pájaros que cantan, los autos chocan entre ellos de vez en cuando, las parejas se dan besos en las esquinas, los chicos salen de las escuelas llorando, o riendo, o pensando en comprarse caramelos. Todo está ahí: lo conocemos, podemos tocarlo, describirlo, casi predecirlo.

Casi.

A veces, cuando menos lo esperamos, hay indicios de otra cosa. Un  mal sueño nos muestra un mundo inquietante;  una fantasía inconfesable sacude nuestra sobriedad; un impulso que hasta ahora desconocíamos se nos escapa desde algún rincón oscuro del pensamiento e irrumpe en nuestra conciencia, molesta. No parece nuestro y sin embargo lo es. Puede pasar de cualquier modo, pero algo más asoma desde las profundidades de nuestro mundo seguro y predecible. Nuestro suelo no es tan firme, y lo sabemos.

Samanta Schweblin también lo sabe. Los cuentos de “Pájaros en la boca”, su último libro, reproducen atmósferas inquietantes que atrapan por su sencillez pero al mismo tiempo, sugieren la existencia de esos mundos oscuros que nuestra conciencia apenas se atreve a esbozar. Imaginen una adolescente de quince años que come pájaros. O un pintor excéntrico que sólo pinta cabezas que se estrellan contra el asfalto. Vale la pena internarse en estos quince relatos breves, de lenguaje llano y despojado, que invitan a sumergirse hasta el final.

24 de mayo de 2011

Palabras robadas III – "El sueño de los héroes"

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“El sueño de los héroes”
Adolfo Bioy Casares – Año 1954


En Marzo de éste año se cumplieron doce años desde la muerte de Adolfo Bioy Casares, gran escritor argentino cuya obra ha sido tal vez opacada injustamente por la de Jorge Luis Borges, con quien tuviera una gran amistad. Recordemos también que estuvo casado con Silvina Ocampo y que los tres integraron antologías y escribieron colaboraciones para numerosas revistas, entre ellas la mítica revista Sur.

Bioy Casares es autor de una vasta obra en la que se combinan elementos del orden de lo fantástico, la ciencia ficción y el policial. Podemos recordar entre muchos otros  títulos, “La invención de Morel” (1940), “Dormir al sol” (1973) y “La aventura de un fotógrafo en La Plata” (1985).

Pero hoy nos detendremos en una novela que publica en 1954 y que se llama “El sueño de los héroes”. En “El sueño de los héroes” la acción transcurre en los años ´20, más específicamente entre 1927 y 1930. El protagonista es un joven de unos veinte años llamado Emilio Gauna que lleva una vida tranquila en un barrio que ama (el barrio de Saavedra), tiene su trabajo en un taller mecánico y tiene un grupo de amigos con el que sale de tertulia frecuentemente.

Pero Gauna tiene también un problema: en el fondo de su corazón, él tiene el presentimiento de no ser valiente. Tiene la oscura sospecha de ser cobarde. Vale aclarar que aquélla era época de compadritos, de malevaje, de peleas de cuchillo. La figura del coraje era incluso algo exaltado desde la política. Y es esa inseguridad la que lleva a Emilio Gauna a vivir una aventura. Un buen día le pasan una fija y gana en las carreras de caballos. Cobra unos mil pesos, que en aquél momento debía ser una suma considerable, y decide invitar a su grupo de amigos a gastarse todo el dinero en las tres noches de carnaval recorriendo las calles de Buenos Aire de corso en corso y de cabaret en cabaret. Recordemos que los carnavales en aquél tiempo eran fiestas de gran envergadura para la sociedad. Pero al final de aquélla aventura, entre el alcohol y la locura, ocurre algo que Gauna olvida por completo. Aparece durmiendo en la casa de los cuidadores de los lagos de Palermo sin saber cómo llegó hasta ahí. Y eso que ha pasado al final de los carnavales, es un misterio en su memoria, un misterio que lo obsesiona y que lo lleva, tres años más tarde, a intentar repetir la historia, a intentar retomar su destino. Aquí es donde la pluma de Bioy Casares introduce el elemento fantástico. Realmente una muy interesante novela que vale la pena leer o releer.   

20 de mayo de 2011

Palabras robadas II - El bosque de los libros


Qué leer y cómo

El bosque de los libros
Josefina Delgado - Editorial El Ateneo – Año 2002

“El bosque de los libros” es un libro que habla sobre libros. Tamaña tarea. Empieza, con sencillez devastadora, invitándonos a la felicidad de la lectura. “Leer nos hace reflexivos y racionales, nos enseña a escribir y a hablar”. A elaborar lo que nos pasa. Leer es, de alguna manera, vivir vidas que uno no va a vivir.
Josefina Delgado hace un recorrido por su propia biblioteca, por su propia historia como lectora. Habla de los libros de la infancia, esos que les ponen nombre a las cosas que nosotros intuimos que existen: el amor, la soledad, la pasión, el dolor. Habla de libros clásicos como La Odisea y la Ilíada, obras que quizás resultan intimidantes para el lector menos avezado, pero que al fin y al cabo hablan de las pasiones humanas. Habla de la Biblia. De los cuentos de hadas. De las mujeres escritoras y de lo que significaba en cierta época ser mujer y escribir. De la literatura latinoamericana. De Borges. De la relación del cine con la literatura. Y de incontables libros y autores que ella ha considerado necesarios.
Es éste un recorrido lleno de libros clásicos e imprescindibles, pero es también un recorrido errático, caprichoso. Y éste hecho en sí mismo es el que nos acerca uno de los consejos más valiosos: que en nuestra historia como lectores podemos dejarnos gobernar por la “persecución azarosa de libros, guiados por las misteriosas relaciones que se establecen entre ellos”. Un libro lleva a otro libro. Un libro contiene otros libros. Cada libro esconderá, en alguna de sus páginas, el germen de la curiosidad por otras cosas, por otras páginas. Y allí radica el mérito de esta obra, porque Josefina Delgado, con su prosa suave y llevadera, arroja luz sobre ciertos elementos que pueden ser justamente los que nos atrapen, los que nos inicien en éste mundo maravilloso.

11 de mayo de 2011

Palabras robadas I: "Los libros y sus lugares"

Éste es el texto, más o menos, de la primera columna de "Palabras robadas" en Time Killer, Fm 91.3, lunes de 18 a 19 hs. Acompañaré de los correspondientes audios una vez que haya logrado intimar mejor con las nuevas tecnologías. Por ahora lo tendrán que leer.



Los libros y sus lugares
Algunos consejos para poder leer

Es difícil leer en estos días. Estamos acostumbrados a dedicar escasos segundos de nuestra atención a cada cosa, para saltar rápidamente a otra, una y otra vez. Hacemos click en alguna nota que nos resulta interesante y mientras la leemos, un bánner titila en el margen de la pantalla, entran tres notificaciones al Facebook, el antivirus nos avisa que encontró un troyano y un amigo intenta hablarnos por el chat. Si estos son los problemas con los que nos encontramos al tratar de leer un texto corto, imagínense lo que nos puede pasar a la hora de agarrar un libro.
Pero tampoco podemos pretender imposibles. Si esperamos a que los planetas se alineen y tengamos dos horas de silencio y tranquilidad, sin teléfonos que suenan ni interrupciones de ningún tipo, estamos fritos. Eso no va a pasar. Entonces aceptemos los momentos cortos que podemos robarle al día dejando los libros en lugares clave para que nos esperen, agazapados, para darnos el zarpazo e inundarnos de sus placeres.
·  La mesa de luz: la cama es un lugar de descanso, pero cada vez abarca más actividades. Se han metido en ella la tele y la compu. Pero todavía estamos los románticos que tenemos un libro en la mesita de luz, y cuando todo se apaga salvo el velador, está bueno repantigarse un poco, taparse hasta la nariz y dejar afuera sólo las manos sosteniendo un libro. La lectura relaja y si estamos con insomnio es una buena opción para que el sueño nos envuelva. También está la opción de engancharse con el libro y quedarse hasta las tres de la mañana. Seguramente al día siguiente estaremos destruidos, pero habrá valido la pena.
·  La cartera de la dama y el bolsillo del caballero: porque así lo tengo a mano si quiero leer en el colectivo, el tren, el subte, en la sala de espera del médico o en la larguísima cola para hacer un trámite. Pueden ser cuentos cortos pero también novelas: veinte o treinta minutos diarios dedicados exclusivamente a la lectura, aunque estemos colgados de un pasamanos, pueden alcanzar perfectamente para terminar un libro en un tiempo razonable y para que el viaje sea otro.
·  El baño: el baño es un lugar de lectura por excelencia, no lo podemos negar. Bromas aparte, el baño tiene la particularidad de delimitar nuestra intimidad por al menos cinco minutos. Puedo dejar allí el diario, un libro de contenido light, que no requiera una lectura lineal y ordenada, alguna revista que pueda ojear, o bien la novela que estoy leyendo, porque la puedo leer de a partes.
Entonces ya saben, hay una serie de lugares donde podemos ir sembrando los libros para cosechar sus palabras en pequeños tiempos de los que disponemos y hacernos de unas cuantas “palabras robadas”.