"...sitting in his nowhere land, making all his nowhere plans for nobody".
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5 de mayo de 2011

Como arena entre los dedos

La idea lo miró, desafiante y juguetona, desde el rincón del cuarto al que había escapado con un salto sorpresivo, justo antes de que él alcanzara a escribirla en el papel. Él la miró también, midiéndola de lejos, casi perdonándole en la contemplación aquéllas claras intenciones que tenía ella de escurrirse para siempre. Es que era perfecta: ni muy alta ni muy baja, redondita. De esas que mordían de placer, que lo hacían despertarse de noche, afiebrado de entusiasmo. Y se le había ocurrido a él solo, sin ayuda de nadie. Pero justo cuando empezaba a paladearla, cuando ya tenía las palabras en la palma de la mano y estaba a punto de darles forma, el bebé había llorado. Y la idea había aprovechado la confusión, la breve vacilación de él, para quedar fuera de su alcance.
El llanto del bebé apenas se había insinuado desde el otro cuarto a través de la puerta entreabierta, pero era el preludio inconfundible de uno mayor, uno sin remedio ni retorno que marcaba el final inevitable de la siesta. Él le dio a ella una última mirada. Todavía estaba parada en la esquina opuesta de la habitación. Giró sobre sus talones resignado y mientras caminaba rumbo al cuarto del bebé vio con el rabillo del ojo cómo ella se lanzaba hacia la ventana entreabierta. La oyó soltar una carcajada al tocar la vereda, antes de salir corriendo con saltitos cómicos.
Entró en la habitación del bebé cuyo llanto, que ya había estallado en forma franca, menguó ante su presencia tranquilizadora y el abrazo que vino después. Y mientras sonreía, fundido en aquel abrazo, miró una vez más hacia afuera y todavía logró verla.
Ya te voy a agarrar, vas a ver, pensó, y siguió abrazando al bebé. Ella lo miró también, burlona, mientras se alejaba envuelta en el revoloteo de sus piernas largas y sus pestañas sugerentes. Así la vio partir, desaparecer, escurrírsele como arena entre los dedos.
Apretó el abrazo todavía más poniendo besos y susurros en las orejitas del nene.
Otra vez sería.